Inicio

Boletines

 

"Palabras para Servir"

 

TIEMPO DE AMAR

 

Texto del discurso pronunciado por el p. Rafael García Herreros
con motivo del Banquete del Millón del año 1981

 

Desde 1961 nos hemos reunido año tras año, para reflexionar acerca de la gravedad de la vida y acerca de los deberes que trae la existencia: 21 años de reuniones, 21 años de posibilidades, 21 años de realizaciones.

EL TIEMPO

 

El paso inevitable del tiempo nos inquieta, nos atemoriza, nos desafía y nos reclama. El tiempo se le da al hombre para adorar, para amar, para crear, para construir y para compartir. El tiempo se nos da para colmar una particular medida de fe, de esperanza y de relación con Dios y con los hombres.

 

El tiempo no se nos da para vivir alienados o distraídos, sino

  • para que tomemos con seriedad la existencia;

  • para que nos adentremos en la intimidad de nuestro ser y descubramos allí las causas y los caminos de los grandes deberes y de los grandes compromisos;

  • para que descubramos que nuestra vida debe tender hacia la belleza, hacia la plenitud, hacia la fecundidad;

  • para que descubramos los proyectos y las ilusiones que nos permiten colmar la medida de amor y de servicio por el hombre.

Nuestro tiempo es precioso y corto; por eso debemos aprovecharlo intensamente. No podemos permitir que el tiempo huya irreparablemente de nosotros, que se nos escape de las manos, sin que durante la vida hayamos adorado, ni hayamos pensado en nadie sino solamente en nosotros mismos.

 

Nuestro tiempo debe consumirse en función de servicio, en función de embellecer el mundo con nuestros actos.

 

HOY TODAVÍA

 

Para cambiar el mundo, para realizar lo que nos toca según el proyecto divino, debemos saber que estamos viviendo en un permanente "Hoy", en un incesante "Ya". Hoy podemos mucho: podemos amar a Dios, podemos descubrir la belleza de Cristo, podemos sentir la atracción que el hombre despierta para que le sirvamos.

 

Mientras estamos en la vida, mientras el tiempo continúa marcando la duración de nuestra existencia, estamos en el "todavía":

  • Todavía podemos amar.

  • Todavía podemos trabajar.

  • Todavía podemos vibrar de entusiasmo por servir a los demás.

Desconocemos cuándo terminará nuestra vida, ignoramos cuándo regresará el Señor, y cuándo se encenderá para nosotros su infinita luz, pero sí sabemos que todavía palpita el corazón para amar, que todavía hay fuerza en los brazos para servir y luz en la mente para crear. Que todavía es "hoy" para todos nosotros.

 

MINUTO DE DIOS

 

Con vuestra ayuda hemos querido vivir intensamente nuestro día y nuestro tiempo, y construir esta obra del Minuto de Dios, que se llama así, porque ha sido como un instante para pensar en Dios y para pensar en el hombre, y para hablar de ellos con palabras y con actos. Un instante de amor, un instante de ideal, un instante de felicidad y de cordialidad.

 

Porque "Minuto de Dios" es todo momento que dediquemos los hombres para aceptar que el Dios trascendente intervenga en nuestra corta vida y nos lleve a amar y a servir a los demás.

 

Ha sido El Minuto de Dios el momento en que hemos intentado una ciudad igualitaria, en donde se evite el pecado contra Dios y el pecado contra el hombre. Una ciudad donde no haya desamor, ni agresividad, ni luchas, ni abandonos. La ciudad ideal. La ciudad utópica. La ciudad soñada.

 

Hemos creído que este Minuto de Dios podría ser una semilla del siglo futuro. Un presagio del tercer milenio que se apresta a vivir el cristianismo, que se debería caracterizar fundamentalmente no por el desarrollo de la técnica, el esplendor de las construcciones o el poderío amenazante de los armamentos, sino por el espíritu fraternal entre los hombres, que dediquen su tiempo a conocerse, a servirse y a amarse.

 

Nuestra vida tan corta, amenazada por la muerte. Tan limitada en posibilidades, debe ser un "Minuto de Dios", un minuto infinito de amor, un minuto de servicio, un minuto de alegría inmensa, un minuto de creatividad, un minuto de paz.

 

¡Ojalá fuese más duradera nuestra vida! Ojalá fuese como una hora o como un día, para que nuestro amor fuera más intenso, nuestro servicio más efectivo y nuestro esfuerzo más eficaz.

 

Este momento del Banquete del Millón es extremadamente severo y lacónico para prodigar alabanzas y agradecimientos. Dice el refrán que el tiempo es oro. Muchos de Uds. han colaborado con dinero, generosamente entregado para servir a sus hermanos los hombres; otros han dado a esta obra el tesoro de su tiempo.

 

Quiero agradecerlo a todos ustedes, Señor Presidente y generosos amigos del Minuto de Dios, y pedirle a Jesús, quien es el mismo ayer, hoy y siempre, que los premie cambiándoles este minuto de esfuerzo por una eternidad de paz, por una eternidad de amor.

50 años de servicio

Página Web: www.minutodedios.org
Dirección de Comunicaciones - UNIMINUTO
Concepto Gráfico: jcortes@uniminuto.edu