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"Palabras para Servir"

 

INTENTANDO LA CIUDAD IDEAL

 

Texto del discurso pronunciado por el p. Rafael García Herreros
con motivo del Banquete del Millón del año 1974

 

Uno de los más afortunados pintores de América Latina, Leonardo Nierman, obsequió al Minuto de Dios un cuadro que se llama "La Ciudad Ideal". Es el símbolo que hemos puesto en los afiches y en los recuerdos de este Banquete. Desde hace siglos el hombre está soñando en construir la ciudad ideal. Desde el lejanísimo Jabal, padre de los que habitan en tiendas y crían ganados, como dice la Biblia, el hombre busca la Ciudad. Platón proyectó la Ciudad Ideal dirigida por una diosa que se llamaba Nomos, la Ley; ella era el centro de la Ciudad, su alma. La adoración, el rendimiento a la Sacrosanta Ley constituían el núcleo de la República de Platón. Era una ciudad humana llena de respeto mutuo, pero en ella había señores y esclavos. Era una Ciudad sin esperanza; la Ciudad griega era bella e injusta, culta y triste a pesar de sus teatros, a pesar de sus coros, de sus danzas y de su Ley. Era el prototipo de la Ciudad humana. Después se intentó la Ciudad medieval. Sus logros fueron mediocres; también había en ella señores y servidumbre, palacios y chozas, banquetes opíparos y miserias parvas.

Por eso el hombre seguía soñando con la Ciudad Ideal. Entonces aparecieron los humanistas: Tomás Moro describió la Ciudad Utópica, y Campanella, la Ciudad del Sol, pero todo quedó en el ámbito de lo inalcanzable. Hace un siglo Carlos Marx intentó en la práctica, ya no en el ensueño, la Ciudad igualitaria. Fue espléndido su esfuerzo. Logró conmover e iluminar la historia. Entusiasmó muchedumbres para la realización de su paraíso socialista. Su proyecto era: estatización de los medios de producción, dictadura del proletariado y en general una organización horizontal de la sociedad, sólo posible a través de una lucha de clases que acabe con la explotación vertical del hombre por el hombre. Esta ciudad planeada por Marx y concretizada por Lenin, Stalin y Mao, es en América Latina la utopía que se anhela. Pero la Ciudad Marxista es una Ciudad sin esperanza trascendente y el hombre en su esencia vive con nostalgia de inmortalidad. El esfuerzo del filósofo Carlos Marx fue grandioso, pero contradijo el anhelo profundo del hombre por su libertad.

¿Habrá posibilidad de una Ciudad Ideal? ¿Qué puede aportar, en esta búsqueda, el Evangelio de Cristo? Yo quiero en esta solemne oportunidad, ante un distinguidísimo auditorio interesado en la suerte del País, exponer los valores cristianos que ofrece la Iglesia para lograr la Ciudad Ideal. La tesis fundamental de la Ciudad Ideal Cristiana, radica en que todos sus moradores son hijos de Dios, y en que por todos ellos murió Jesucristo. La muerte de Jesucristo destruyó radicalmente el odio y la separación que dividía a los hombres y obtuvo la posibilidad de que se difundiera en el mundo el Espíritu de amor.

La Iglesia cree hoy que este amor se puede encarnar en tres propósitos fundamentales:

  • Comunidad de Base,
  • Comunidad de Bienes y
  • Democracia de Participación.

La Comunidad de Base buscaría participación y responsabilidad de todos a través de la organización. La Ciudad Ideal integraría a sus habitantes, por medio de cooperativas, empresas comunitarias, sindicatos, juntas de vecinos, acción comunal, agremiaciones de campesinos, grupos veredales, organizaciones de toda clase. Ya no serían ellos solamente los hombres separados y desintegrados. La doctrina de la Iglesia les propone grupos homogéneos que se interesen en el rumbo definitivo de la Ciudad, en la definición del bien común, y tengan participación real en su gestión y en sus beneficios.

En segundo lugar estaría la Comunidad de Bienes. La Ciudad Ideal debe intentar una real comunión de bienes. La propiedad de acuerdo a las normas cristianas, está hecha para producir el alimento, el vestido, la tranquilidad económica de todos, y para dar a todos el techo necesario. Una propiedad privada que quebrante estos derechos fundamentales de la comunidad es completamente injusta. Esta es la tesis cristiana presentada con claridad por los últimos pontífices.

Y el tercer propósito es la Democracia de Participación como realización de la libertad del hombre. Los antiguos griegos decían: Un hombre puede vivir cien años sin agua, sin luz, sin sal, pero no puede vivir una hora sin libertad. La democracia en el sentido verdadero de la palabra, la que no viola en lo más mínimo el derecho de los particulares y de la comunidad, es absolutamente requerida en la Ciudad Ideal.

Los derechos fundamentales del hombre son:

  • El derecho al alimento,
  • a la vivienda,
  • a la educación,
  • a la libertad religiosa,
  • a la libertad de expresión,
  • los derechos socioeconómicos y
  • los derechos políticos y culturales.

La Ciudad Ideal debe ser una Ciudad sin privilegios excluyentes, una sociedad solidaria en la que algunos no tengan la posibilidad de resolver sus problemas por medios que no estén al alcance de todos; una sociedad en que la propiedad no dé a unos pocos posibilidades rehusadas a muchos; una sociedad integrada, en que un hombre vale lo que otro hombre.

¿Será posible la Ciudad Ideal, cuya consecuencia es la paz y es la alegría para todos? No privilegio de unos pocos con perjuicios para muchos? Siento con tristeza que este proyecto es utópico, porque las circunstancias que rigen hoy la sociedad, imposibilitan que se den los condicionamientos necesarios para su realización; pero con esperanza veo signos renovadores en la Patria, capaces de asentar los cimientos sobre los que se vaya levantando la Ciudad Ideal.

Estamos reunidos en este noble y sobrio Banquete para la meditación y para promovernos a construir la Ciudad Ideal. Este banquete es todo un símbolo de unión y de lucha. Ustedes están creando la esperanza en un mundo sin esperanza. No hay más bello propósito que participar en la edificación de una Ciudad amable para todos los hombres. Y creo que este esfuerzo de ustedes es como un anticipo de las palabras del Apocalipsis: "Ví un cielo nuevo y una tierra nueva. Ví la Ciudad que bajaba del cielo. En ella no habrá llanto. En ella no habrá dolor. Esa es la morada de Dios con los hombres cuando ellos sean su pueblo y El sea verdaderamente su Dios".

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